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Semos malos

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Salarrué Escritor Salvadoreño Goyo Cuestas y su cipote hicieron un arresto, y se jueron para Honduras con el fonógrafo. El viejo cargaba la caja en bandolera; el muchacho la bolsa de los discos y la trompa achaflanada, que tenía la forma de una gran campánula; flor de lata monstruosa que perjumaba con música. -Dicen quen Honduras abunda la plata. -Sí tata, y por ai no conocen el fonógrafo, dicen... -Apurá el paso, vos; ende que salimos de Metapán tres choya. -¡Ah!, es quel cincho me viene jodiendo el lomo. -¡Apechálo, siás bruto! Apiaban para sestear bajo los pinos chiflantes y odoríferos. Calentaban café con ocote. En el bosque de zunzas, las taltuzas comían sentaditas, en un silencio nervioso. Iban llegando al Chamelecón salvaje. Por dos veces bían visto el rastro de la culebra carretía, angostito como fuella de pial. Al sesteyo, mientras masticaban las tortillas y el queso de Santa Rosa, ponían un fostró. Tres días estuvieron andando en lodo, atascados hasta la rodilla. El chico llo...

LA PETACA

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Salarrué Era pálida como la hoja-mariposa; bonita y triste como la virgen de palo que hace con las manos el bendito; sus ojos eran como dos grandes lágrimas congeladas; su boca, como no se había hecho para el beso, no tenía labios, era una boca para llorar; sobre los hombros cargaba una joroba que terminaba en punto. La llamaban la peche María. En el rancho eran cuatro: Tules, el tata; la Chón su mama, y el robusto hermano Lencho. Siempre María estaba un grado abajo de los suyos. Cuando todos estaban serios, ella estaba llorando; cuando todos sonreían, ella estaba seria; cuando todos reían, ella sonreía; no rió nunca. Servía para buscar huevos, para lavar trastes, para hacer rir ... -¡Quitá diay, si no querés que te raje la petaca! -¡Peche, vos quizás sos lhija el cerro! Tules decía: -Esta indizuela no es feya; en veces mentran ganas de volarle la petaca, ¡diún corvazo! Ella lo miraba y pasaba de uno a otro rincón, doblada de lado la cabecita, meciendo su cuerpecito endeble, como si se...

El río

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Salarrué Un río que caía al mar entre promontorios gigantescos les decía a éstos: -He vertido mis aguas en esta gran cuenca durante muchas centurias y aún no he logrado colmarla. FIN

SEMOS MALOS

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Salarrué Goyo Cuestas y su «cipote» hicieron un «arresto», y se «jueron» para Honduras con el fonógrafo. El viejo cargaba la caja en la bandolera; el muchacho, la bolsa de los discos y la trompa achaflanada, que tenía la forma de una gran campánula; flor de «lata» monstruosa que «perjumaba» con música.-Dicen quen Honduras abunda la plata.-Sí, tata, y por ái no conocen el fonógrafo, dicen...-Apurá el paso, vos; ende que salimos de Metapán trés choya.-¡Ah!, es que el cincho me viene jodiendo el lomo.-Apechálo, no siás bruto.«Apiaban» para sestear bajo los pinos chiflantes y odoríferos. Calentaban café con ocote. En el bosque de «zunzas», las «taltuzás» comían sentaditas, en un silencio nervioso. Iban llegando al Chamelecón salvaje. Por dos veces «bían» visto el rastro de la culebra «carretía», angostito como «fuella» de «pial». Al «sesteyo», mientras masticaban las tortillas y el queso de Santa Rosa, ponían un «fostró». Tres días estuvieron andando en lodo, atascado hasta la rodilla. El ...