lunes 14 de julio de 2008

De la oscuridad a la luz


David E. Panamá
No se cuanto tiempo ha transcurrido, cuatro paredes, una solida puerta de metal y en lo alto roídos barrotes por donde la luz se deja ver.
Tres veces al día veo la mano del carcelero que deja la vianda y a lo lejos escucho el murmullo de su voz; a mi no me dirige la palabra.
Mi mundo lo limitan altas paredes de adobe; no se que ocurre afuera; me consumo, mi piel se desvanece y los huesos marcan mi piel. Mi cabello sucio largo y gris, enredado y desordenado cae sobre mis hombros. La barba larga y de mal aspecto llega a las tetillas. Las uñas crecen corvas y sucias sobre huesudos dedos.
El invierno hace estremecer mi esqueleto y el calor de verano moja desde la cabeza hasta los pies, El piso sucio, lodoso y fétido; rastrojo de paja, talepátes, liéndras y pulgas la cama para conciliar el sueño.
Casi no recuerdo quién soy, ni de donde vengo y de como llegué a este infierno en la tierra que de pronto se torna en paraíso.
Que macabro crimen cometí, para merecer el encierro y el abandono como castigo.
Mi mente no esta cuerda hablo solo y con los que en ella me vistan, si, llegan a conversar conmigo, vienen de distintas épocas; los abuelos mayas, los antiguos griegos, romanos ilustres y déspotas, cristianos y judíos; Hitler, Churchill, Stalin, Eisenhower; nadie nota mi deprimente aspecto, ellos me ven como su igual y la locura llega al clímax cuando con todos encontramos: valores y causas en común esa igualdad de pensamiento no es posible, si lo fuera habría paz el mundo... ¿Será que me estoy volviendo loco?
Cuando de nuevo quedo en silencio y con mi mente a solas; me estremezco; me digo: que no vives lo que vives, que tú no imaginas cosas, que eres una persona normal, que no deliras, que no despiertas con el palpitante corazón por la noche trémulo de miedo sintiendo la amenaza del traidor que vende por monedas ideales.
En mi soledad hay inquietud, pero hay paz, hay diferencias pero se logra la armonía, hay pobreza pero se comparte riqueza. Se vive lo mundano y se eleva el espíritu humano.
En mi soledad la montaña, el árbol centenario, el trino del ave, el vuelo del águila, el lago hermoso, el río caudaloso... hay vida en armonía
Prefiero no recordar que deje o que perdí; aquí en mi soledad dentro de mi lo tengo todo.
3 de julio 2008

1 comentarios:

Anabella dijo...

Me parece una historia muy interesante de este personaje que encontró la abundancia en la escaces, y aunque solitario es un ser iluminado